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Diálogos de Género y Sexualidad: Sexualidades Gordas

Cuando estaba en la preparatoria, había una pseudo-celebridad en mi ciudad de origen al norte de México. Alguna vez fue llamado “el joven más gordo del mundo”, y mostraba repetitivamente un video sobre su vida de cuando era un supergordo de 19 años. El video era una toma de sí mismo en contrapicada sobando su gigantesco estómago de un lado al otro, rebotándolo, haciéndolo sacudir como un terremoto. Esta era su toma de “antes”. Su imagen del “después”, al parecer eternamente en la televisión local, lo mostraba completamente vestido, alto, con forma de pera y un cutis terrible. Había perdido como 100 kilos con la ayuda de unas pastillas mágicas que ahora vendía a la audiencia incrédula. Su vida en las cámaras era un extenso anuncio para estas pastillas, y todos conocíamos a alguien que las estaba tomando y que veía resultados inmediatos. Una de estas personas era la hija adolescente de nuestra maestra de inglés, una chica muy apenas regordeta y con calificación promedio que comenzó a derretir kilos como mantequilla, a perder concentración y reprobar varias materias. Nos dimos cuenta que las pastillas mágicas eran en realidad anfetaminas. Mi terapeuta estaba tomando algo similar y le dijo a mi papá que les hiciera exámenes para ver si eran seguras. Los resultados también fueron positivos. El tipo se fue y hubo rumores sobre su muerte. No volvimos a escuchar de él y no hay archivos disponibles ni de su panza gelatinosa ni de su figura alargada.Él solía tener especiales televisivos por aquí y por allá, similares a los talk shows, todos centrados en su producto milagroso. Programas sobre gorditos infelices llorando sobre el escenario, sobre otros pacientes exitosos y espaghettificados… eran los anuncios más largos jamás. Y uno de estos anuncios era un especial dedicado al “sexo pesado”. Fue un episodio que incluía a gorditos regiomontanos, tanto kinky como vainilla, que se “atrevían” a “alzar la voz” en frente de “toda la ciudad” y “juraban” que eran gordos Y que tenían tanto sexo como los demás. Yo no vi el programa porque a) era menor  de edad y b) estaba en un lugar muy oscuro en el que nadie me amaría nunca ni, dejen ustedes, se acostaría conmigo. [Click on title to read more…]

Cuando estaba en la preparatoria, había una pseudo-celebridad en mi ciudad de origen al norte de México. Alguna vez fue llamado “el joven más gordo del mundo”, y mostraba repetitivamente un video sobre su vida de cuando era un supergordo de 19 años. El video era una toma de sí mismo en contrapicada sobando su gigantesco estómago de un lado al otro, rebotándolo, haciéndolo sacudir como un terremoto. Esta era su toma de “antes”. Su imagen del “después”, al parecer eternamente en la televisión local, lo mostraba completamente vestido, alto, con forma de pera y un cutis terrible. Había perdido como 100 kilos con la ayuda de unas pastillas mágicas que ahora vendía a la audiencia incrédula. Su vida en las cámaras era un extenso anuncio para estas pastillas, y todos conocíamos a alguien que las estaba tomando y que veía resultados inmediatos. Una de estas personas era la hija adolescente de nuestra maestra de inglés, una chica muy apenas regordeta y con calificación promedio que comenzó a derretir kilos como mantequilla, a perder concentración y reprobar varias materias. Nos dimos cuenta que las pastillas mágicas eran en realidad anfetaminas. Mi terapeuta estaba tomando algo similar y le dijo a mi papá que les hiciera exámenes para ver si eran seguras. Los resultados también fueron positivos. El tipo se fue y hubo rumores sobre su muerte. No volvimos a escuchar de él y no hay archivos disponibles ni de su panza gelatinosa ni de su figura alargada.

Él solía tener especiales televisivos por aquí y por allá, similares a los talk shows, todos centrados en su producto milagroso. Programas sobre gorditos infelices llorando sobre el escenario, sobre otros pacientes exitosos y espaghettificados… eran los anuncios más largos jamás. Y uno de estos anuncios era un especial dedicado al “sexo pesado”. Fue un episodio que incluía a gorditos regiomontanos, tanto kinky como vainilla, que se “atrevían” a “alzar la voz” en frente de “toda la ciudad” y “juraban” que eran gordos Y que tenían tanto sexo como los demás. Yo no vi el programa porque a) era menor  de edad y b) estaba en un lugar muy oscuro en el que nadie me amaría nunca ni, dejen ustedes, se acostaría conmigo.

Más de diez años después, me encontré a miles de kilómetros de distancia en una charla sobre sexualidades gordas.

The beautiful view from the venue. St. Paul's Cathedral behind Blackfriars station.
La hermosa vista desde el recinto. La Catedral de San Pablo detrás de la estación Blackfriars.

El pasado martes, asistí a la edición de noviembre de los Diálogos de Género y Sexualidad en Londres (Gender and Sexuality Talks London). Estos diálogos, como su nombre insinúa, se enfocan a las diferentes maneras en las que los seres humanos expresan o toman control de su género y su sexualidad. Están abiertos no sólo para la academia, sino para integrantes del sector salud y el público en general; y mientras sucede en gran parte en un ambiente profesional, no deja de ser relajado y amigable.

Este diálogo en particular fue sobre Sexualidades Gordas. Incluía a un par de exponentes del Día Comunitario en Plus London Three, así como un par de oradores más involucrados en la escena social pero cuyas opiniones no eran ni menos ni más válidas que las de los académicos.

Fat Sexualities panel. From left to right: Dr Caroline Walters, Bethany Rutter, Ingo Andersson, Dr Charlotte Cooper
Panel de Sexualidades Gordas. De izquierda a derecha: Rebecca de Gender & Sexuality Talks London, Dr Caroline Walters, Bethany Rutter, Ingo Andersson, Dr Charlotte Cooper

Charlotte Cooper comenzó con una autoetnografía – su historia personal conectada a nuestras circunstancias políticas y socioculturales. Compartió las cosas que ha hecho, que le han hecho y por las que ha pasado en cuanto a sexualidad, mientras presentaba imágenes de ella misma siendo feliz y vistiendo trajes graciosos junto a su novia Kay y otras personas – incluyendo una piñata humana. Por un lado, demostrando que ha sido amada y deseada a través de las décadas. Por otro, sin olvidar los momentos de rechazo y abuso. Estas circunstancias nos forman como seres humanos, y nosotros, como seres humanos, formamos estas circunstancias. Aún así, cualquiera de estas historias, positivas, neutrales o negativas, son truncadas por un enunciado de falsa preocupación: “¿pero qué hay de la salud?”. Esta pregunta retórica trata de invalidar experiencias y convierte al sexo gordo en un problema de salud pública. “Porque la salud supuestamente domina cualquier conversación sobre la gordura, es muy difícil hablar sobre la gordura cuando no es realmente sobre salud”. Entonces, hablar en voz alta es un acto político. Una manera de poner nuestras experiencias de gordura y sexualidad en el mapa. En palabras de Charlotte, “rehusarse a ser borrado/a”.

La pregunta sobre salud es demasiado limitante, y, sin embargo, dominante. Margina y niega agencia y sexualidad #gendersextalks

— GenderSexLDN (@GenderSexLDN) November 19, 2013

Luego, tuvimos a Ingo Andersson de Wotever World. Genderqueer de Suecia, vino a Gran Bretaña buscando libertad y cultivando libertad en el proceso. Tenía un club de sexo en un sótano, y estaba un poco decepcionade porque no podía encontrar buen porno con gente que se pareciera a sus clientes. ¡Entonces, creó porno con sus clientes! La gente se ofrecía a ser filmada siguiendo los temas de sus sueños y fantasías, y muchos se sintieron sorprendidos y realizados una vez que se descubrieron a sí mismos en la pantalla grande durante sus próximas visitas.

Las imágenes comerciales suelen excluir a la gente gorda o presentarla como indeseable. No importa cómo te veas #gendersextalks

— GenderSexLDN (@GenderSexLDN) November 19, 2013

Sin embargo, los primeros aventados llenaban los estándares de belleza en la industria sexual; y tomó mucho tiempo para que la gente de aspecto “alternativo” se atreviera a ser vista. Llamaron a Ingo desde su tierra natal para que hiciera el mismo tipo de películas con gente de Suecia. La que nos mostró era un juego de agua en un lago. No contenía relaciones explícitas, pero la gente involucrada estaba feliz. ¡Cuando los transeúntes preguntaban qué estaba pasando, les respondían que era una versión moderna de Ofelia ahogándose en Hamlet! Una versión muy intrigante, debo decir.

Ophelia, de John Everett Millais. El proceso creativo no fue tan divertido como el de la Ofelia de Ingo.

Ingo nos mostró un showcase de sus otros filmes, que quizás o no haya ofendido a unos cuantos académicos. De todos modos, pensé que era lindo y libre. Me di cuenta que la mayoría de las escenas eran al exterior. A la gente gorda vistiendo ciertas prendas o estando en ciertas circunstancias con cierta gente (o vistiendo cualquier cosa o estando solos) siempre le dicen que “guarde eso”. Le dicen que “nadie quiere ver eso”. Así que no me sorprende cómo muchas de estas fantasías involucran estar al aire libre. NO guardando eso. NO dando importancia a que todos vean eso. Aún más revolucionario que los mismos actos sexuales.

Además, le dio un significado extra especial a “I Love It” de Icona Pop.

“Siente el deseo y atrévete a mostrarle a otra gente que eres deseable porque lo eres”.- Ingo Andersson.

Después fue el turno de Bethany Rutter. Compañera escritora, hermosa femme gorda con un gusto impecable por la moda y una vida amorosa para morirse. De hecho, la gente más hermosa en la sala ya había tenido algo de historial con ella. He estado celosa de su éxito, así que fue bastante impactante saber que ha pasado por los mismos problemas que yo. Una adolescencia en la que se veía a sí misma indeseable, una adultez en la que buscaba la aprobación de los demás. Nunca viendo gente como ella misma en programas de televisión, o sólo viéndolas ser agarradas como “puerquito” o teniendo una sexualidad “monstruosa” como Melissa McCarthy en Bridesmaids.

Crecer en una sociedad sexualizada, pero en la que eres una persona gorda y excluída de eso, es extraño #gendersextalks

— GenderSexLDN (@GenderSexLDN) November 19, 2013

Sus primeras memorias y su programación decían que nadie querría jamás follársela, que podría ser graciosa y linda, pero no sexualmente deseada. Descubrió la aceptación de los gordos y se dio cuenta que estaba bien, pero se sentía extraña en cuanto a ser sexy. Mientras se sentía bien consigo misma, no se sentía bien con la manera en la que los otros la veían. Estuvo a punto de no asistir a la primera cita con su guapísimo novio sueco porque pensó que él le estaba jugando una broma. Todavía sentía que sus encuentros exitosos eran accidentes o suerte. Pensaba que la gente la rechazaría sólo por ser gorda. Así como pensaba que sólo podría involucrarse con alguien que estaba interesado en la gordura como un fetiche. Ahora que es muy activa en escenas queer y poliamorosa que la ven como es en cualquiera de sus ángulos y en contacto con gente que o la quiere por ser “cool y linda” o que no la quieren por pura falta de química, está agusto tanto con la aceptación como con el rechazo.

“La práctica es perfecta.
Es como cuando estás aprendiendo un lenguaje. Al principio no puedes hablarlo nada y dices ‘oh, nunca aprenderé nada y nunca voy a aprender nada de este lenguaje, siempre apestaré para esto’. Y luego, solamente lo haces y sigues practicando y sigues haciéndolo y dices ‘¡oh, mierda! Ahora puedo comunicarme fluídamente en francés y leer a Proust en su lenguaje original’. Y algo así es como me sentía alrededor del sexo y la sexualidad. Sólo me arrojé hacia ella y no dejé que ni yo misma ni lo que pensaba que otra gente pensaría sobre mi cuerpo y mi lugar como una mujer gorda me echara atrás. Creo que este es mi mensaje sobre lo que estoy diciendo para que se lo lleven a su casa. Sólo sigan haciéndolo. Es realmente divertido y realmente bueno. A la mayoría de la gente buena no le importa que sean gordos. Debe haber gente que no quiera follarme porque soy gorda, pero… sólo sigan, y es lo que yo hice. Todo es genial, puedo hacer lo que quiera. Sigan haciendo lo que quieran. ¡Sigan dándole cuando quieran!”.- Bethany Rutter.

La Dra. Caroline Walters habló sobre su experiencia como académica interesada en la sexualidad gorda. Cuando empezó a mostrar interés en el tema, aunque era cuatro tallas más grande que ahora y percibida por la sociedad como una persona gorda, su supervisor le preguntó “¿pero no eres demasiado delgada para trabajar con sexo gordo?”. Su antecedente principal es sexualidad, pero los académicos de sexualidad casi no hablan sobre cuerpos – excepto en los escenarios comunes de gente delgada con desórdenes alimenticios o gente gorda siendo parte de la “epidemia de la obesidad”. Para llenar un vacío, la Dra Walters va a lanzar un compilado de ensayos sobre sexualidades gordas el próximo año. El requisito principal era que los escritores no usaran ningún eufemismo o término clínico para referirse a los gordos. Esto confundió a algunos candidatos.

Falta de discusión sobre cuerpos en estudios de sexualidad #gendersextalks

— GenderSexLDN (@GenderSexLDN) November 19, 2013

El momento de discusión fue tan interesante como las pláticas iniciales. Para asegurar su privacidad y confidencialidad, los invitados escribieron sus preguntas de manera anónima en un post it y se lo dieron a la organizadora para que las leyera en voz alta. Unos cuantos valientes hablaron en público. Sin embargo, sus preguntas permaneceran anónimas fuera del grupo. Así que no voy a decir “fulanito preguntó esto” ni “menganito preguntó aquello”.

Hubo dudas perfectamente válidas. Como esta:

Ahora la parte de discusión de la noche… ¿Las escenas fetichistas gordas son espacios empoderadores viables e.g. BBW?#gendersextalks

— GenderSexLDN (@GenderSexLDN) November 19, 2013

Hay gente – como Bethany – que no se siente empoderada en la escena fetichista. Otra gente, por otro lado, sí. Y no hay problema.

Definitivamente BBW puede ser grande y útil. Como todos los espacios pueden abrir cosas y cerrar cosas @thebeefer #gendersextalks

— GenderSexLDN (@GenderSexLDN) November 19, 2013

La Dra. Caroline ha entrevistado a una BBW llamada Kelly Shibari, que lanzó su propio sitio porno kinky (Padded Kink) incluyendo a gordos BDSM sin ser estereotipados ni denigrados sin su permiso.

Ver gente teniendo sexo y que se parece a ti puede ser muy importante  @DrCJWalters #gendersextalks

— GenderSexLDN (@GenderSexLDN) November 19, 2013

Alguien más observó que la escena de aceptación gorda / fatshion suele favorecer a la gente proporcionada, menos gorda y con forma de reloj de arena más que a la gente más ancha y con distribuciones distintas, estómagos grandes y senos pequeños. Charlotte Cooper tiene un nombre para este tipo de discriminación:

La discriminación curvilínea existe – jerarquías de formas corporales @thebeefer #gendersextalks

— GenderSexLDN (@GenderSexLDN) November 19, 2013

Otros comentarios incluían la intersección de queer y gordo, especialmente en espacios transmasculinos donde el ideal es ser delgado, blanco y alto. Ingo, desde su punto de vista, nos recordó la:

Importancia de sentirse bien consigo mismo y los cambios corporales (si los quieren) @woteverworld #gendersextalks

— GenderSexLDN (@GenderSexLDN) November 19, 2013

¿Cómo lidiar con ser gordo Y tener una de esas enfermedades que El Sistema ama asociar con la gordura? ¿Cómo lidiar, por ejemplo, con la diabetes y la gordura de una manera positiva?

Dificultad para lidiar con instituciones médicas acerca de la diabetes. No vayan solos al doctor, accesen recursos web sobre abogacía gorda #gendersextalks

— GenderSexLDN (@GenderSexLDN) November 19, 2013

Podría seguir citando pregunta por pregunta, respuesta por respuesta, y compartir cada tweet de #gendersextalks. Pueden seguirlos por tu cuenta y leer lo que hayan escrito los panelistas. De hecho, ellos recomendaron que ustedes comenzaran leyendo lo básico. Busquen grupos en FB o eventos cerca de sus ciudades. Disfruten los pequeños momentos de comprensión. Rodéense de gente positiva. Vayan a Dancing On My Own, Wotever World, Unskinny Bop, Club Indulge y cualquier otro espacio certificado como positivo. Una vez que estén muy involucrados y quieran predicar la palabra, pueden comenzar con pequeños actos como hablar sobre eventos como este (como yo, ¡teehee!) o consiguiendo el libro Salud a Toda Talla de Linda Bacon para sus mamás (como Caroline). Todo cuenta en pequeñas, medianas o grandes cantidades. O extra chicas. O extra grandes.When I was in what you would call Sixth Form, there was a small celebrity in my Northern Mexican hometown. He was once deemed “the fattest youth in the world”, and repetitively showed footage of his life as a 19 year-old super size fat. The video was a long angle shot of himself rubbing his gigantic belly from one side to the other, jiggling it, making it shake like an earthquake. This was his “before” shot. His “after” image, seemingly forever on local television, showed him fully clothed, tall, pear-shaped and with terrible skin. He had lost about 100 kilos with the help of magic pills he now was selling to the incredulous audience. His life on cameras was a long advert for these pills, and we all knew someone who was taking them and seeing immediate results. One of them was our English teacher’s teenage daughter, a barely chubby girl with average grades who started melting off pounds like butter, losing concentration and flunking several subjects. We found out the magic pills were actually amphetamines. My therapist was taking something similar and told my dad to test them and see if they were harmless. The results were positive too. The man ran away and there were rumours about his death. We never heard from him again and there is no footage left of neither his jiggly belly nor his elongated shape.

He used to have TV specials here and there, similar to talk shows, all centred on his miracle product. Shows about unhappy fatties crying on stage, about other spaghettified successful patients… they were the longest ads ever. And one of these ads was a special dedicated to “heavy sex”. It was an episode featuring kinky and vanilla Monterrey fatties who “dared” to “speak up” in front of “the whole town” and “swear” that they were fat people AND they were having as much sex as the rest. I didn’t see the show because a) I was underage and b) I was in a very dark place where I believed no one would ever love me, let alone, fuck me.

More than ten years later, I found myself thousands of miles away in a talk about fat sexualities.

The beautiful view from the venue. St. Paul's Cathedral behind Blackfriars station.
The beautiful view from the venue. St. Paul’s Cathedral behind Blackfriars station.

Last Tuesday, I attended the November edition of Gender and Sexuality Talks London. These talks, as their name hints, focus on the different ways human beings express or take control of their gender and sexuality. It is open not just to academia, but to practitioners and common people; and while it’s mostly a professional environment, it doesn’t stop being relaxed and friendly.

This talk in particular was about Fat Sexualities. It included a couple of lecturers from Community Day at Plus London Three, as well as a couple of speakers more involved in the social scene but whose views were not less nor more valid than those of scholars.

Fat Sexualities panel. From left to right: Dr Caroline Walters, Bethany Rutter, Ingo Andersson, Dr Charlotte Cooper
Fat Sexualities panel. From left to right: Rebecca from Gender & Sexuality Talks London, Dr Caroline Walters, Bethany Rutter, Ingo Andersson, Dr Charlotte Cooper

Charlotte Cooper began with an autoethnography – her personal story connected to our sociocultural and political circumstances. She shared the things she has done, has been done to or has gone through in matters of sexuality, while showing pictures of herself being happy and wearing funny outfits with her girlfriend Kay and other people – including a human piñata. On one side, proving that she’s been loved and desired through the decades. On the other side, not forgetting moments of rejection and abuse. These circumstances shape us as human beings, and we, as human beings, shape up these circumstances. Yet, any of these stories, positive, neutral or negative, are truncated by a sentence of faux-concern: “but what about health?”. This rhetoric question tries to invalidate experiences and turn fat and sex into a public health problem. “Because health supposedly dominates any talk about fat, it’s very difficult to speak about fat when it’s not really about health”. Thus, speaking out is a political act. A way to put our experiences of fat and sexuality on the map. In Charlotte’s words, a “refusal to be erased”.

Then, we had Ingo Andersson from Wotever World. A Swedish genderqueer, they came to Britain looking for freedom and cultivating freedom in the process. They had a sex club in a basement, and was a bit disappointed that they couldn’t find good porn that looked like the customers. So, they created porn with the customers! People offered themselves to be filmed after the themes of their dreams and fantasies, and many felt surprised and accomplished once they discovered themselves on the big screen during their next visits.

Mainstream images often exclude fat people or present as undesirable. It doesn’t matter what you look like #gendersextalks

— GenderSexLDN (@GenderSexLDN) November 19, 2013

However, the first ones to jump on the wagon fulfilled standards of beauty in the sex industry; and it took ages for “alternative-looking” people to dare to be seen. Ingo was called back from homeland to make the same kind of films with people in Sweden. And you know what they say about Swedish porn: high quality material. The one they showed us was about WaterPlay on a lake. It didn’t contain any explicit intercourse, but the people involved were happy. When passers-by asked what was going on, they would reply that it was a modern version of Ophelia drowning in Hamlet! A very intriguing one, I must say.

Ophelia, by John Everett Millais. The creation process was not as fun as Ingo’s “Ophelia”, thought.

Ingo played a showcase of their other films too, which may or may not have offended a few academics. I thought it was lovely and free, anyway. I noticed that most of the settings were outdoors. Fat people wearing certain outfits or being in certain circumstances with certain people (or wearing anything else or being alone in the first place) are always told to “put it away”. Told that “nobody wants to see that”. So it doesn’t surprise me how many of these fantasies involve being outside. NOT putting it away. NOT caring about everyone seeing that. Even more revolutionary than the sexual acts themselves.

Plus, it has given an extra special meaning to “I Love It” by Icona Pop.

It was then the turn of Bethany Rutter. Fellow writer, beautiful fat femme with a spotless taste in fashion and a dating life to die for. In fact, the most gorgeous people in the room had a kind of sexual history with her already. I’ve been jealous of her success, so it was quite shocking to find out that she’s gone through the same problems as me. A teenhood where she saw herself as undesirable, an adulthood looking for validation from others. Never seeing people like herself on TV programmes, or only seeing them as the butt of jokes or having a “monstrous” sexuality like Melissa McCarthy in Bridesmaids.

Growing up in a sexualised society but where you are a fat person & excluded from that is strange #gendersextalks

— GenderSexLDN (@GenderSexLDN) November 19, 2013

Her early memories and programming said that no one would ever want to fuck her, that she could be funny and cute, but not sexually wanted. She discovered fat acceptance and knew that she was alright, but still felt strange about being sexy. While she was fine about herself, she wasn’t fine about the way others would see her. She almost didn’t go to the first date with her handsome Swedish boyfriend because she thought he was trolling her. She still felt like her successful hookups were lucky accidents. She used to think that people would reject her just because she was fat. Just like she used to think that she would only be able to get involved with someone who is into fatness as a fetish. Now that she’s very active in the queer and polyamourous scenes that see her as she is in every single way and in contact with people either want her because she’s “cool and cute” or who don’t want her because of sheer lack of chemistry, she’s fine with both acceptance and rejection.

Dr Caroline Walters spoke about her experience as an academic interested in fat sexuality. When she started to show interest in the topic, although she was four dress sizes bigger than now and perceived by society as a fat person, her supervisor asked her “but aren’t you too thin to work on fat sex?”. Her main background is in sexuality, but academics don’t often talk about bodies – except on the usual grounds of skinny people having eating disorders or fat people being part of the obesity epidemic. To fill in a gap, Dr Walters is releasing a compilation of essays on fat sexualities next year. The main requisite was that the writers didn’t use any euphemisms or clinical terms on fat people. This confused a few candidates.

The discussion part was as interesting as the initial talks. To ensure its privacy and confidentiality, guests would write their questions anonymously on a post it note and give it to the organiser to read aloud. A few brave people spoke in public, though. However, their questions will also be kept anonymously outside the group. So I won’t say “this person asked this” or “that person asked that”.

There were perfectly valid queries. Like this one:

There is people – like Bethany – who don’t feel empowered by the fetish scene. Some people, on the other hand, do. And that’s OK.

Dr Caroline has interviewed a BBW called Kelly Shibari, who released her own kinky porn website (Padded Kink) featuring fat BDSM people not being stereotyped nor non-consensually denigrated.

Seeing people having sex that look like you can be very important @DrCJWalters #gendersextalks

— GenderSexLDN (@GenderSexLDN) November 19, 2013

Someone else remarked that the fat acceptance / fatshion scene often favours proportionate, hourglass, small-fat people over larger people with different distributions, big bellies and small breasts. Charlotte Cooper has a name for this kind of discrimination:

Other comments included the intersection of queer and fat, specially in transmasculine spaces where the ideal is to be slim, white and tall. Ingo, from their point of view, reminded us of the:

How do you deal with being fat AND having those diseased The System loves to associate with fatness? How do you deal, for example, with diabetes and fatness in a positive way?

I could go on quoting question by question, answer by answer, and sharing every single tweet on the #gendersextalks. You can follow them by yourself and read anything written by the panelists. In fact, they recommend you get started reading on the basics. Look for groups on FB or for events near your town. Enjoy the small moments of realisation. Surround yourself by positive people. Go to Dancing On My Own, Wotever World, Unskinny Bop, Club Indulge and any other certified positive spaces. Once you’re into it and you want to spread the word, you can start with tiny acts like talking about events like this one (like me, teehee!) or getting the book Health at Every Size by Linda Bacon to your mum (like Caroline). Anything counts in small, medium and large amounts. Or extra small. Or extra large.

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