La serpiente madre

He estado leyendo sobre la Rueda Medicinal Andina, mejor conocida como La Chakana.

Citando al colectivo Nativo América de K’ari Otorongo:

Las ruedas medicinales o de la vida, son herramientas milenarias que los pueblos o naciones indígenas u originarias han ideado para la compresión y relación con el cosmos. Son un gran legado universal de conexión con la realidad oculta de la naturaleza y herramientas ancestrales de movimientos de grandes energías vivientes. Son símbolos centrados en la observación y conexión con la naturaleza y el universo.

Cientos de tipos de ruedas medicinales existen en diferentes culturas y se han desarrollado a lo largo y ancho de todo el mundo, como también en distintos tiempos. Y a pesar de que existen diferencias entre unas y otras de acuerdo a su contexto cultural, tienen estructuras esenciales que se repiten y son comunes en todas ellas. Hay una red universal mágica y mítica que las une.

He comenzado con la andina, porque fue de la que más información había encontrado. Ahora estoy reconociendo que la persona que escribió el libro que he estado leyendo, y en particular su marido, no han sido exactamente dignas o apropiadas para compartir la información, y han explotado a las naciones originarias para lucrar con sus conocimientos y no devolver un ápice de reconocimiento a los verdaderos maestros y chamanes. Por eso, no los acreditaré en este mensaje, y prefiero ahora aprender directamente de quienes han sabido y vivido la experiencia.

Sigo también en busca de información sobre la Rueda Medicinal Mexicana, o algo más parecido a mi experiencia directa y la de mis familiares y ancestros. Aunque de hecho, como el mundo es tan extenso pero a la vez tan unido, es importante reconocer lo mismo que el colectivo y que varias personas sabias originarias (como Sherri Mitchell, Weh’na Ha’mu Kwasset, de quien he estado aprendiendo cosas maravillosas últimamente y de quien hablaré con más detenimiento en algún futuro) se inclinan más hacia una cosmovisión en la que caben muchas mitologías, aprendizajes y espiritualidades, al ser todo ser vivo parte de una misma materia y una misma fuente de historias y sueños.

Por ahora, trabajo observando esta, incorporándola con respeto en mis meditaciones y transformaciones. Para nada es un trabajo tan profundo como, por ejemplo, el del taller de Nativo América que he vinculado acá arriba, que como pueden notar, cada paso toma al menos cuatro meses, más un retiro más profundo e intenso.

Pero por ahora, esto es lo que hay.

La rueda medicinal andina se compone de cuatro direcciones, cada una representada por un animal y un color. Comenzando desde abajo en orden de manecillas de reloj: serpiente (rojo), jaguar (negro), colibrí (amarillo) y cóndor (blanco).

El primer paso en la rueda, en las cuatro direcciones, comienza en el sur. Representado por la serpiente, que se despoja de la piel que alguna vez le fue útil pero que ahora es vieja y reseca, para dar lugar a una piel nueva y fresca en la que puede prosperar y vivir.

La realización de mi herida de humillación, de la cual han leído anteriormente, ha sido parte de un proceso de sanación y liberación que he estado llevando a cabo de la mano de mi terapeuta, de mis mentores, y de la re-conexión que he estado remendando y mejorando con mi familia y la tierra. Recuerden que NO soy médica, NO soy “experta”, y que lo que he ido aprendiendo ha sido con supervisión e información adecuada. Sin matarme y sin matarlos a ustedes.

En relación a la rueda, aquí dejamos ir los bloqueos, heridas y corazas de las que me he armado a través de los años. Estas corazas, de las que hablaban mucho Wilheim Reich y Stanley Keleman, y de las que he aprendido gracias a Lea Kaufman y mi formación como profesional de LK Movimiento Inteligente. Estas corazas me protegieron en los momentos más intensos del trauma, me salvaron de destinos peores que la muerte en vida, pero ahora se han unido más a la lista de problemas que a las de soluciones.

Abracé las corazas y las recibí con compasión, pero con la puerta abierta. Les di abrigo para que al salir no les pescara el ventarrón. Las acepté como eran. Me acepté como era, y lo sigo haciendo. Pero ahora me reorganizo en mi presente, con mi verdadero ser, sin etiquetas y sin insistir en permanecer juntas por comodidad o validación externa – porque voy a quedar mal, o porque van a decir esto y lo otro de mí si las corazas se van de mi vida. Porque no sigo patrones impuestos ni estereotipos de quién soy, de cómo soy, de qué es “muy yo” y de lo que sea.

Como la piel vieja de serpiente, me las quito de cabeza a pies. De cabeza a tobillos, más bien, porque los tobillos han sido los más tercos. La barriga, la autoridad sacra, ha sido sangrienta y dolorosa, pero está lista para brillar verdaderamente. Sabia, directa, presente desde lo interno más que en lo externo. Sin sofocamientos. Pero sigo trabajando con estos tobillos, estos pies y este pisar. No peleando con ellos. Trabajando con ellos. Con esta postura. Sin poses ni pretensiones.

En la cocina, tengo un altar. Elegí la cocina porque ha sido un lugar en el que he vivido y revivido muchos dolores cuando he vivido desde la herida. Desde la herida y sus costras, cocinar y comer han sido actos bélicos llenos de terror, de desgaste.

Dejaré que Scottee hable de esto, en esto que él escribió en relación con la muerte de Nikki Grahame, estrella británica de Big Brother que murió de desorden alimenticio:

Cuando la gente me pregunta cómo es vivir con ARFID (trastorno por evitación / restricción de la ingesta de alimentos), a menudo les pregunto qué hacen cuando les apetece un sándwich en el supermercado; a menudo dicen que eligen lo que quieren, compran y se van. Les digo que yo tengo que escuchar a tres personas en mi cabeza que discuten entre ellos y me intimidan sobre lo que puedo, no puedo, debería, no debería, estoy permitido, no estoy permitido, lo que valgo, lo que no soy, con lo que puedo salirme con la mía, con lo que debería ser visto, lo que dije que tendría hace 5 horas, lo que creo que debería tener ahora, es ahora el momento adecuado, es el momento equivocado , es demasiado caro, no es lo suficientemente agradable, no se sentirá bien, es demasiado indulgente, no te lo mereces, la lista continúa, y en el peor de los casos, este proceso puede llevar 20 minutos de pánico mientras camino por los pasillos tratando para que parezca que sé por qué estoy allí. Hago esto tres veces al día, todos los días, solo para mantenerme con vida. A diferencia de otras relaciones difíciles con sustancias o alcohol, tengo que seguir comiendo.

Por eso puse mi altar en la cocina. Para que me haga compañía y dé fuerzas. Para que mis raíces y las voces de quienes estuvieron antes de mí me den palabras aliento. Te mereces cocinar esto. Mereces nutrirte. Mereces vivirte, vivir, florecer.

Y aún así, lo abandoné por meses. Me abandoné por meses. La recuperación no es linear. El altar estaba abandonado, y también sus ofrendas. Entre ellas, una suculenta seca y deshidratada. No por falta de agua, sino por exceso de ella. Sofocamiento. Cada que me lavaba las manos, le echaba algo de agua para que no le faltara nada, y le faltó mucho. Le faltó aire, espacio, moderación. Así que mejor la limpié. Le quité lo reseco, así como me he estado quitando lo reseco, lo viejo, lo que ya no hace falta. Agradecí su grandeza y la limpié, para que volviera a crecer, si quiere. O que descanse hasta que vuelva el sol.

Este altar lo tengo con una figura de la Virgen de Guadalupe al centro. Como parte de mi historial religioso, con catolicismo organizacional impuesto en la infancia, devenido en ateísmo pseudo-edgy onda (citando a Linda, una amiga de la adolescencia) “Hello Kitty vestida de Marilyn Manson”, agnosticismo con puerta semi-abierta, retornando a la espiritualidad católica desde una perspectiva más ecléctica y descolonial. Todo lo que he sido y no sido, hemos sido y no sido.

De hecho, la Virgen de Guadalupe fue una adaptación del imperio español para ganar esclavos a través de la fe al Jesús blanco. Guadalupe fue inspirada por la adoración a la dualidad Sol y Luna, el ángel que carga a los dioses ancestrales, el manto de estrellas, la piel del pueblo.

Inspirada, principalmente, en la Tonantzin Coatlicue de los mexicas: la diosa serpiente de la fertilidad, madre inmaculada de los dioses, el firmamento y la humanidad, patrona de la vida y la muerte, y guía del renacimiento.

Imagen por Grafito Sublimado. Noto que en esta representación, Coatlicue/Guadalupe lleva un colibrí en el pecho. La esperanza de la vida nueva.

Todo es un círculo. Me encuentro en fase serpentina, venero a una madre serpentina.

Vaya, vaya.

Lista de correos

Subscríbete a la lista de correos para recibir noticias, información y entradas más recientes.

Odio el spam tanto como tú, así que no te enviaré spam ni daré tu información a terceros. Promesa.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll to Top