
Hay
que proteger
nuestra ternura
a toda costa,
porque se
libra una guerra
en contra de
nuestra inocencia.
La infancia
bajo condena,
un dolor
la adolescencia.
Entrada
la fase adulta,
continuamos
la tragedia.
Hay que sanar
estas heridas
con la salvia
del cariño.
La empatía
es un salvavidas
en un océano
de egoísmo.
La unidad,
comunidad,
nos salvará
de este fastidio.
Nuestras risas
romperán
todas sus máquinas
del miedo.
El amor,
al fin del día,
será lo único
que es cierto.





