Contra la censura en espacios culturales

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Este texto iba a ser algo bello. Iba a ser una celebración a la exposición Lectoescritura de Laiza Onofre, en la cual la artista experimentaba con las palabras como tributo a través de la escultura. Literatura táctil conectada por hilos, barro, tinta, cuerpos, momentos. Bellamente curada por Eliud Nava, acomodada lo mejor posible en un pequeño cuarto a la entrada del Museo Metropolitano en la Zona Rosa del centro de Monterrey.

Digo que iba a ser, porque la misma creadora ha hablado sobre la experiencia más que agridulce, indignante, detrás de las tarimas y más allá de los cristales. Específicamente, sobre la censura por parte de la institución y el gobierno, al negarse a exhibir una pieza en particular en la que Laiza cita al escritor Alejandro Zambra, solo por mencionar la palabra “mierda”.

Aquí si algo es una mierda, es la censura.

Les dejo el link a la entrada con el testimonio completo de Laiza. También el link a su publicación en Instagram, donde miembros de la audiencia se unen a la crítica contra el recinto y la maquinaria detrás de este.

Un cuarto cerrado con frecuencia, guardias hostiles y desconectados, y polvo, mucho polvo. Como el polvo que cubre a la cultura en un estado donde los niños tienen plomo en la sangre, los monorrieles no terminan de construirse, y donde el cielo está reservado a quienes pueden vivir en rascacielos.

Una mierda, pues.
Desechos de lugares y seres que amamos.

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